Ahora, como una buena niña que siempre hacía sus cuadernos de Vacaciones aunque los muy cabrones de los profesores ni siquiera se molestaran en pedirlos y mucho menos en corregirlos, os voy a contar mis "deberes" de estas vacaciones.
Me duró poco el bajón tras el final de "Juego de tronos", porque me enteré de la existencia de esta serie y pasé seis semanas divertidísimas gracias a ella. Intenté engancharme a "Wilfred", pensando que ya que me gustan los perros me caería bien el chucho, pero ha resultado uno de los seres más cargantes que he visto en una pantalla en mucho tiempo. Termino la temporada y hasta nunca, perrito. Lo siento, Elijah, tú aún me caes bien (después de todo, te cargaste a Macauly Culkin).
Estoy a tres capítulos de terminar la primera temporada de "Torchwood" (a diferencia de otras personas que parecen tener días de veintisiete horas, yo solo veo series el fin de semana, preferentemente mientras plancho), y creo que mi fijación con los tíos en gabardina o abrigo largo debe tener algún nombre raro en psiquiatría. Y también tengo una teoría: hay inspectores que van por los colegios y comprueban qué británico está bueno y cuál no. A los que sí, les obligan a ser actores aunque quieran ser pasteleros. A los que no, les obligan a ser turistas y venir a emborracharse a España.
Lo que sí terminé en formato maratón porque me enganchó de mala manera fue "La pequeña Dorritt", una adaptación de la BBC de hace unos dos o tres años. Está basada en una novela de Dickens a la que yo le tenía especial manía. Básicamente, porque llegó a mis manos en la edición de la Colección Historias Selección. No sé si los más mozos recordaréis aquella colección. Consistía en unos libros encuadernados en amarillo claro que solía mutar a marrón caca a medida que se leían, y que tenían a la izquierda el texto, resumido y cortado todo lo que podían para que encajase en el número de páginas oficial de la colección (allí todos los libros tenían el mismo número de páginas, ya fueran escritos aposta para la colección por algún esforzado negro escritor contratado, ya fueran adaptaciones de obras del tamaño de "Moby Dick") y a la derecha lo mismo en formato cómic, para los más perezosos. Pues bien, yo tenía el libro en esa edición y le cogí manía porque habían recortado tanto que no había forma de entenderlo y me parecía la cosa más absurda del mundo... Pero la serie ha resultado ser un fantástico culebrón de misterio, con un final algo previsible para quien sea ya una "vaquilla toreada" en estas lides, pero muy "gonito". Ya tengo el libro en mi lector electrónico para ver hasta qué punto se parecen él y la serie.
Ya os conté la avería de mi cacharrito electrónico y su solución. Eso me ha hecho bajar en mi ritmo de lecturas por no llevarlo conmigo en los viajes en bus. Ni os imagináis lo fácil y cómodo que es leerlo con una sola mano mientras con la otra te agarras a la barra. Cualquier día me robarán el monedero y no me daré cuenta... Pero bueno, todo ha tenido un final feliz.
En materia de lecturas, he tenido la entrega de Mundodisco de todos los veranos (esta vez le ha tocado a "Zas", una historia de la Guardia, con todo lo que eso significa: asesinatos, politiqueo y el Comandante Vimes soltando frases cínicas a diestro y siniestro, pero no olvidándose nunca de las cosas importantes de la vida: "¿Dónde está mi vaca?"). Sigo peleándome con los libros de Malaz. Los encuentro fascinantes, el tal Eriksson escribe de maravilla y espero que algún día me enteraré de qué van, porque tres tomos después, aún no entiendo nada...
Comencé el primer libro de la serie de Thursday Next, "El caso Jane Eyre", aunque circunstancias posteriores me han hecho dejarlo aparcado. Sin embargo, me gusta esa Inglaterra alternativa donde los niños se intercambian cromos de personajes de Henry Fielding y hay una secta que va puerta por puerta intentando convencer a la gente de que Francis Bacon es el verdadero autor de las obras de Shakespeare. Seguiré con ella.
Luego se cruzó en mi camino la serie de Berlín Noir, de Phillip Kerr. Alemania nazi, detective cínico, gente que cambia de chaqueta... Lo único que me chirría un poco es que el detective se permita ser tan bocazas y la Gestapo aún no le haya dado al menos un par de tortazos. Ya os diré qué me parece en total el primer libro cuando lo termine.
Intenté leer "Dance", pero con mi mierdanivel de inglés, he decidido ser paciente y esperar a que los de Giga la saquen en castellano. Cristina, Alejo, si estáis ahí...
¡POR FAVOR, DAOS PRISA!
Y luego... vale, esto me va a costar para siempre lo que queda de mi ya maltrecha reputación. No sé si me atreveré a decirlo en voz alta, bueno, no es exactamente "en voz", pero ya entendéis...
Me he leído los tres primeros libros de Harry Potter y voy por la mitad del cuarto.
¿Que qué me han parecido? Para empezar, comparto la opinión de Úrsula K. LeGuin en su artículo Género: una palabra que solo satisface a los vagos (lo podéis encontrar traducido al español en el número 44 de la Revista Gigamesh):
Los críticos que deciden hablar sobre una novela de fantasía sin haber leído fantasía desde que tenían ocho años, e ignoran la historia y la extensa teoría de la literatura de fantasía, se ponen en ridículo porque no saben cómo leer el libro. No disponen de información contextual que les indique cuál es la tradición de ese libro, de dónde viene, qué intenta lograr, qué logra. Esto quedó demostrado cuando se publicó el primer volumen de Harry Potter y los autores de muchas reseñas se desgañitaron alabando la increíble originalidad del libro. Esa originalidad fue una invención producto de la rotunda ignorancia de los reseñadores sobre ciertos géneros (la fantasía infantil y el relato ambientado en los internados ingleses), sumada al hecho de que no habían leído fantasía desde los ocho años. Fue lamentable. Era como ver a un chef televisivo comerse una tostada con mantequilla y exclamar: "¡Increíble, qué delicia! ¿Cómo he podido vivir sin esto?
La parte buena: no se le da mal manejar la intriga para que quieras seguir hasta el final para ver como acaba. Me gusta que los personajes crezcan, me ponía nerviosa que Los Cinco se hubieran quedado "atascados" en los once años, como si estuvieran viviendo un eterno "Verano de la marmota". La parte mala: la caracterización de personajes. No es posible que no haya ni un Slytherin decente, o que al menos intente fingir que lo es. No puede ser que los familiares de Harry sean tan condenadamente imbéciles, sin ninguna virtud que les "salve" un poquito. El que sean libros para niños no es una disculpa, es una excusa.
Y para acaba ya de momento con este rollo, he terminado el primer libro de Geralt de Rivia (no me pidáis encima que sepa cómo se escribe el nombre del autor) y voy a mitad del segundo. Se supone que estos son los libros "malos", ¿no? Por ir haciéndome a la idea de lo que me espera...