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miércoles, 25 de mayo de 2016

Viaje a los orígenes de Keko

Señorpadre tiene a veces cosas muy raras. Y una de ellas es que quería ir un día al pueblo donde la señora que nos dio a Keko en adopción se lo había encontrado.

- A ver si alguien se acuerda de él. - dijo.

- ¿Y si el tipo que lo abandonó, al ver lo bonito que está ahora, nos reclama la custodia?

- Ves demasiadas películas de sábado al mediodía de Dapena 3.

Ya, ya, pero mirad las fotos y decidme que no tengo motivos para preocuparme por eso...

Keko siendo mono

Keko siendo MUY mono.

Keko siendo guarro. Nadie es perfecto.

Pero resulta que en la tele salió el pueblo en cuestión, y Señorpadre tuvo la excusa perfecta. Total que metimos a Keko en el coche y partimos hacia su ex-pueblo.

Cómo llegar desde Castellón. Llegar a Castellón ya es cosa vuestra.

Acabábamos de bajar del coche y estábamos callejeando cuando Keko comenzó a tirar de la cadena y a gimotear. Señorpadre se aco... ngojó.

- ¡Subamos al coche y huyamos! ¡Está oliendo su casa!

- De eso nada. Quiero ver los grafitis y al menos tomarme un café.

- ¿Y si aparece su antiguo amo?

- Te lo dije...

Al final, resultó que Keko había olfateado un par de gatos que estaban repantigados en medio de la calle y quería acercarse a destriparles y macharcarles entre sus afilados dientes saludarles amablemente. Pero a Señorpadre ya no se le fue la mosca de detrás de la oreja.

Así que vimos todos los grafitis que me dejó, nos tomamos un cafelito y nos fuimos. ¿A que son una preciosidad?



Una fuente abandonada también puede convertirse en arte.




Esto es la pared del Ayuntamiento.

No es un grafiti pero me pareció bonita.

Supongo que la bici y los vaqueros en la ventana forman parte del cuadro.






¿Alguien está cansado?




Según Señorpadre, si lo llegamos a soltar nos habría llevado a su antigua casa.

En cada una de estas piedrecitas clavadas a la pared hay un retrato.

Aquí hay uno de ellos

Y ya de propina, volvimos por otra carretera a ver cómo estaba el río después de las últimas lluvias.


¡Milagro! ¡El Mijares lleva agua!

Cómo mola el Sitjar cuando está lleno.

Y esto es todo, amigos. Puedo asegurar también que el café estaba bueno. Así que si algún día os apetece y tenéis buenas piernas (no deja de ser un pueblo de montaña, con sus cuestas y sus calles estrechas), visitad Fanzara. Pasaréis una tarde bonita.


viernes, 1 de abril de 2016

Aquí entre nosotros...

Me he quedado atascada a mitad de "Rechicero". No es por culpa de Sir Pterry, por supuesto. Es que me crucé con esta serie y no podía dejar de leerlos. Así que Rincewind, Conina y Nijel el Destructor quedaron un poco apartados.

Encima, tampoco pude resistirme a "La corona del pastor", el por desgracia último libro de la serie Mundodisco. Citando lo que dijo C.S. Lewis en su reseña de "El Señor de los Anillos" (no tengo el día pedante ni nada, jiji), "en este libro hay bellezas que te romperán el corazón". Sin spoilers, se nota que Pratchett sabía que es el último libro y lo da todo. Hay magia, hay épica, hay melancolía y naturalmente hay momentos de carcajada.

-¿Cuántos maridos has tenido en realidad, Tata?

-Tres propios.

Aquí es conveniente aclarar que Shawn, el hijo menor de Tata Ogg, es póstumo. Nació como dos años después de la muerte de su padre.

Y hablando de padres, Señorpadre está desde hace meses con una "infección de origen desconocido" en el ojo bueno. Está acojonado por si lo pierde, y cabreado con el mundo en general y conmigo en particular porque estoy ahí para aguantarle. Y luego se pregunta por qué no quiero tener asistenta.

En otro orden de cosas, Keko tiene hongos. Le vi una peladura en el costado, fui corriendo a la veterinaria por si "la bicha" había vuelto, y salí de allí con la receta para una crema antifúngica y un "Pónsela dos veces al día y vuelve dentro de quince". Nunca me he lavado las manos tantas veces al día como ahora.

Los "hombres" de mi casa han resultado ser unos pupas.

Hace una semana más o menos me repartieron una ficha con mi categoría profesional y mis funciones, para hacer una nueva relación de puestos de trabajo. Resulta que entre las funciones de mi puesto se encuentran entre otras la mecanografía, la taquigrafía, el manejo de maquinaria y el cálculo sencillo. Ni idea de a quién le toca el cálculo complicado. Hace como cuarenta años que no se usa la taquigrafía, y las máquinas de escribir dejaron de usarse hasta para los exámenes prácticos hará unos diez años. O sea, que mis funciones laborales son una reliquia de otros tiempos.

Y llevo flipando dos días a causa de estos dos artículos: este, y este otro.

AHORA nos salen con esas.

El tener una edad hace que se recuerden cosas. Cuando yo era pequeña, el aceite de oliva, las legumbres y el pescado azul eran el Mal Absoluto. Engordaban, y provocaban colesterol y un montón de cosas que hacían que los Jinetes del Apocrilipsis se encogieran en un rinconcito, en posición fetal y sollozando desesperadamente.

Ahora no solo la medicina ha cambiado de opinión sobre ellos, sino que incluso las grasas resulta que no son tan malas. Ahora Satán son los cereales. Y ya veremos quién es Satán cuando yo sea más vieja.

Hace tiempo vino a Castellón una furgoneta de la Asociación contra el cáncer. Te hacían una especie de test para ver tu nivel de riesgo. Cuánto medías, cuánto pesabas, antecedentes de la enfermedad en tu familia, color de piel y de ojos...

Con mi aspecto físico, me salió que tenía que ponerme protector solar hasta para salir de noche en invierno, no fuera que me diera la luz de la luna y me cayera encima Supermelanoma Maligno, el Supervillano Solar.

La verdad es que acojona. Fuente.

Y ahora resulta que el protector solar, caca. Que nos vamos a quedar raquíticos por su culpa. No sé por qué, me lo esperaba.

Confío en la medicina. Demonios, la mitad de mis parientes son médicos, y cada vez que se le ha curado algo a Señorpadre, lo han hecho médicos, no los brujos de turno (y no es que no haya visitado a unos cuantos, la desesperación a veces es lo que tiene). Pero cada vez que pasa una cosa de estas, no puedo evitar malpensar que detrás hay más intereses comerciales que médicos. Y me cabrea porque estas historias no hacen más que darles argumentos a los conspiranoicos de turno.

¿Y vosotros qué tal?

martes, 23 de febrero de 2016

¡Tesssoroooo!

Por fin, después de dos años separada de ellos, ayer conseguí recuperar a mis Pterrys en formato físico. ¡Míos, míos, todos míos! ¡Mis Malditos Ratas Descatalogados! ¡Mis Paga y Jódete de chillonas cubiertas color fosforito! Por fin están todos en las estanterías encima de mi cama. Observaréis que son de diferentes formas y tamaños. Culpad a las editoriales, que no parecen ser capaces de ponerse de acuerdo sobre esos asuntos.





De izquierda a derecha, "Mitos y leyendas. Maravillas del mundo", uno de los libros que, como se dice ahora, "marcaron mi infancia", "El último héroe", los Descatalogados de Martínez Roca, todo el resto de la serie hasta ahora, "El color de la magia" y "La luz fantástica", las tres antologías donde han aparecido relatos del Maestro, "Buenos presagios", la serie de Johnny Mawell, "El éxodo de los gnomos", y luego tenemos a "Drácula", en plan fronterizo, y los libros de la colección de Grandes Clásicos que me estoy haciendo con la idea de sustituir los libros de bolsillo y tener una biblioteca "gonita" (y de conseguir más que quería tener y no tenía a un precio bastante decente). No le hice foto, pero en la librería que tanto sufrimiento nos costó, están ya la "Gran Enciclopedia de la fauna" y "Los perros".

Debo confesar que, aunque la Fauna viajó en una cómoda caja de cartón, tuve que traer mis Mundodiscos metidos en una bolsa de basura, cual corrupto acarreando billetes de quinientos. La cosa sucedió más o menos así:

Llegué a mi antiguo piso pensando que allí encontraría una gran caja donde meter los libros. Estaba segura de que la caja estaba allí. Pero... no estaba.

Recordé haberla visto en Otro Sitio, le dije a Señorpadre que fuéramos a por ella pero se hizo el remolón, que si no iba a haber tiempo, que si con lo que cuesta aparcar en nuestra plaza, no quería irse... 

Así que decidí dejar los libros en un montoncito para cuando pudiera ir a buscar la dichosa caja y llevármelos debidamente.

Y entonces, Señorpadre encontró un paquete de bolsas de basura extragrandes y extrafuertes, y que, oye, porque no los metíamos allí.

Así que metí los libros en la bolsa lo mejor que pude, me las apañé para ponerlas sobre el transportín con ruedecitas y las transporté hasta el coche, donde los metí en el maletero.

Y lo curioso es que a pesar de mis malos modales, mis chicos han llegado enteros, sin una página doblada ni nada. No puedo decir lo mismo de la pobre bolsa, que quedó desgarrada por los cantos de los susodichos.

Todavía me queda una buena porción que transportar. Se han quedado mis Jorgitos, por ejemplo. Y mis Astérix. Voy a tener que hacer recopilación de cajas de cartón para transporte.

Y para rematar, el recopetín. Después de ponerlos en su sitio, fui a enseñarle el resultado a Señorpadre. Opinó que había quedado muy bonito, pero...

- Ahí encima aún cabe otra estantería.

Continuará, me temo...


PD: La gente del podcast "La Universitat invisible" han sacado una versión en castellano. Se llama, cómo no, "La Universidad invisible". Los dos primeros capítulos están dedicados al Mundodisco, no sé si van a seguir por ahí o hablarán de otros asuntos como su versión en catalán, pero de momento me parecen dos podcast muy recomendables.

PD 2: Ya he terminado "Mort". Mañana o pasado, caerá reseña.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Bricomanía y libros.

Como ya sabréis mis lectores, veinte kilómetros me separan de mis libros. Estoy leyendo poquísimo últimamente, pero menos mal que tengo mi cacharrito electrónico bien lleno porque si no, directamente ya me habría vuelto loca.

De todas formas, si algún día quiero venderlo (ya sabéis, dentro de cien años, cuando se acabe la crisis), mi anterior piso debe estar vacío. Así que va siendo hora de hacer la mudanza, aunque sea poco a poco.

Pero en el apartamento apenas tengo sitio para poner mis libros, así que si no tengo sitio, hay que hacerlo.

Como en el 90% de los pisos de España, en mi apartamento hay un rincón en el cual existe un hueco entre el pilar de carga del edificio y una de las paredes. En mi caso, el rincón en cuestión estaba ocupado por un pequeño armario de bambú, muy útil si solo estabas allí en verano, pero no tanto si has de vivir todo el año. El armarito es de una solar puerta, mide unos 90 cm de alto, 50 de ancho y otros 50 de fondo. Dentro tiene una balda y una barra de la que colgar ropa, y nada más.

Ahora va la cortinilla de onditas para entrar en un flashback.

Cuando nos pusimos a vivir, casi lo primero que dije fue: "La mesa del comedor ha de marcharse".

Señorpadre, como de costumbre, discrepaba:

-¡Es que quieres tirarlo todo!

-Es una mole, nos ocupa medio comedor y no la vamos a utilizar. Fuera.

-¿Y si vienen invitados a cenar algún día qué?

Sí, claro, tenemos tanta vida social que nos hace falta una mesa de un metro de ancho por dos de largo, y además extensible, para recibir a nuestros numerosos invitados. Porque no pasa un día sin que vengan a cenar dos familias reales como mínimo...

La mesa se quedó hasta que tras la adquisición de dos sillones de relax, Señorpadre se dio cuenta de que era ella o nosotros, y consintió en sacarla a la terraza.

Allí vivió pacíficamente hasta que Señorpadre se compró una hamaca que le permitía poner los pies en alto y estar fresquito este verano, y como no cabía, hubo que desplazar uno de los sillones-cama. Como el susodicho sillón-cama no cabía en la terraza, Señorpadre llegó a la inevitable conclusión:

-Tenemos que librarnos de la mesa.

Casi me parto la lengua del mordisco que me di para no contestar: "Te lo dije".

Así que la mesa salió a finales del verano rumbo a la casa de campo de una de mis primas.

Espero que la reina Isabel no se lo tome mal...

Bien, una vez nos libramos de la mesa, sacamos el sillón cama, que había estado molestando en la habitación de Señorpadre y obligándome a hacer la cama a la pata coja, organicé un rinconcito en la esquina norte, me hice instalar unos estores para protegernos de la luz directa del sol (en invierno no me atrevo a bajar los toldos, que los temporales de viento por aquí son legendarios), trasladé la estantería metálica de la cocina a la terraza, puse en ella las plantas, arreglé la mesita de la terraza, llevé el armarito a la otra esquina, y nos dimos cuenta de un pequeño detalle: el suelo de la terraza va en pendiente, con lo cual el pobre estaba inclinado hacia adelante, dando la impresión de que estaba a punto de caer. Hubo que serrar las patitas de atrás para que quedara en un sitio. Una vez puestas dos baldas en el interior, ha quedado la mar de útil.

Fin de la cortinilla de onditas.

Una vez libre el sitio, comenzamos a pensar en qué pondríamos ahí. Primero diseñé yo misma la librería; una serie de baldas bien cogidas a la pared, y que no solo ocuparían el hueco sino que se prolongarían a la pared de al lado en ángulo. Una de ellas sería el doble de ancha para formar una mesita donde pondríamos mi viejo ordenador de sobremesa.

Pero Señorpadre no lo veía claro. Supongo que temía que las baldas se me acabaran cayendo encima, así que le propuse el plan B: comprar esto, pero en color roble, que va más a juego con la cama, la cómoda y el armario: 

¡69,95 del ala!

Medimos y remedimos el hueco: 80 cm. de ancho por la parte más honda, 82 por fuera. 220 de alto. La librería cabía perfectamente. No podía fallar. 

Si no fuera porque los constructores de este santo país han oído hablar de Gaudí, lo han entendido a su manera y no hay quien construya una puñetera pared recta.

Nos costó apenas una hora montar el cacharro, encolado incluido. Nos había quedado monísimo. Llegó la hora de meterlo en el hueco.

No cabía.

Resulta que no solo las paredes hacen "barriguita", sino que encima estaba el rodapies. Hubo que arrancar el susodicho rodapies y empujar bien fuerte para que la librería entrase.

Y una vez dentro, resultó que... el suelo de mi habitación hacía pendiente y la librería estaba a punto de caer.

De modo que hubo que suplementarla por delante y ponerle cuñas a los lados. Con un Señorpadre obsesionado con el nivel y el pie de rey, y contar en milímetros, y los dioses bendigan a la llave Allen. Dos días estuvimos para encajar la librería en su sitio.

Luego, pusimos la mesa.

Parece fácil hacer una mesa, ¿no? Se compra un tablero de melamina, un kit de cuatro patitas, se atornillan las patitas a la mesa y listos, ¿no?

¡NO! Porque a Señorpadre se le ocurrió ponerle un suplemento de madera, nos llevamos en el coche una de las plaquitas metálicas que ayudaban a atornillar las patitas para tomarle la medida cuando compráramos los cachitos de madera, me la olvidé en la guantera, y al día siguiente no la encontraba y perdimos un día buscándola por todo el apartamento. Hasta que decidimos volver al Leroy a por otra y me la encontré, allí mismito.

Lamadrequemematriculó...

Bien, aquí os dejo la foto de la mesita y la librería. Un poco oscura, pero como veis, el esfuerzo valió la pena:


En la foto no se aprecia, pero la viga y el pilar forman un bonito ángulo agudo que hace que parezca que la librería está torcida. Pero no es la librería, son las paredes.

Ahora solo falta tener tiempo para ir a mi anterior piso y traerme aquí el material para llenarla.

De lo cual viene una de mis dudas: me sobran libros. 

A pesar de mis planes de no comprar papel, me estoy haciendo la colección de Grandes Clásicos de la Literatura, que son unos libros la mar de majos en tapa dura y con dos novelas por tomo. Gordacos y bonicos. Voy a tener que librarme de las ediciones de bolsillo de los clásicos, y también de la mayoría de mis libros de cocina. Así que ¿qué me recomendáis: los pongo a la venta por mi cuenta, utilizo alguna plataforma (por ejemplo, en Casa del Libro, o en Amazon), una web de anuncios por palabras, los llevo a alguna tienda de segunda mano, los dono? ¿Alguien ha tenido alguna experiencia con alguna de las opciones?

Ya para finalizar, ¡la terrible temporada de Navidad se acerca! Mirad lo que regala uno de nuestros periódicos locales:


La Virgen María Fallera, marededeusenyor.... ¡y encima Elecciones Generales! ¿Alguien tiene una máquina del tiempo para adelantar un par de años?

viernes, 28 de agosto de 2015

Septiembre

Se acerca el mes de septiembre. Comienza el curso, y no solo para los niños. El Ayuntamiento ya ha sacado los talleres y los cursos de la Escuela Municipal de Idiomas, comienza una nueva temporada en la piscina municipal...

Dudas, dudas, ¿qué hago?

Tengo claro que quiero seguir con las clases de inglés. Por tres razones: es divertido, me añaden horas en el cómputo de horas trabajadas, y me da tiempo a aprender lo suficiente antes de que Cierto Señor Gordito publique su próximo libro y no tener que esperar a la traducción.

En realidad, al ritmo que escribe el señor, me dará tiempo a aprender varios idiomas más entre libro y libro.

Quiero intentarlo con la autoescuela, otra vez. A ver si este año lo consigo. Me gustaría apuntarme a la piscina a hacer cosas tan chulas como el "Circuito Funcional". Copiado literalmente de la web de la piscina:

Consiste en una serie de ejercicios realizados en otras tantas “estaciones “ alineadas dentro del gimnasio según un itinerario previsto. Cada una de las estaciones tiene una misión distinta y complementaria de las demás. Unas sirven para entrenar los músculos de los brazos y de los hombros, otras son adecuadas para ejercitar los músculos del abdomen, de la espalda, de las piernas etc.

La duda es si sobreviría a ESO. 

Me gustaría seguir con el corte y confección, a ver si consigo terminar la falda. Sí, me pasé el año entero con una miserable falda recta y no logré terminarla. Soy más lenta cosiendo que Don Jorge escribiendo. Para este año voy armada con un montón de revistas de patrones y un montón de cortes de dos metros de tela comprada en el mercadillo a un euro el metro (tengo que dejarlo, creo que me estoy empezando a obsesionar).

He intentado practicar el cosido a máquina este verano. He pasado más tiempo enhebrando la aguja y cambiando hilo roto que cosiendo. Me compré unos retales para practicar la línea recta y uno de ellos, de punto, se me metió por el agujero de la parte en la que se apoya la tela (imaginaos, ni siquiera conozco aún el nombre de los componentes) y casi me joroba la pobre máquina. En otra ocasión, me las apañé para romper la aguja. Me he suscrito a un canal de youtube sobre el tema, a ver si viéndolo me aclaro más que leyendo las instrucciones.

A todo esto, Keko se encuentra perfectamente, incluso se me ha puesto "fofisano" y se le han caído aquellas costras que tenía en las orejas y que Señorpadre quería cortarle (ahora solo falta que le salga pelo donde estaban las costras). El pobre no lleva bien tomar medicación, sobre todo las inyecciones. Tomar pastillas también lo llevaba mal. No he conseguido engañarle con quesito ni con jamón york, pero la sobrasada ha sido, como se suele decir, "mano de santo". Ni la huele. Mordisco y "pa dentro", pastilla incluida.

Por cierto, estoy pensando en darle un compañero canino. Un conocido quiere deshacerse de su perrete (la típica historia: aceptas un perrito porque tu niña se pone pesada con que lo quiere, pero cuando te das cuenta de que todo el trabajo es para ti, quieres mandar al bicho a la perrera con siete meses) y voy a ver si Señorpadre y Keko lo aceptan. Aunque sea en acogida temporal para buscarle una buena casa. Me da la impresión de que a Amigopelmazo le encantaría tenerlo, pero no tengo forma de comunicarme con él, no tiene móvil y el fijo es el de su empresa, que lleva tiempo cerrada. Cruzo los dedos para que este año venga a España.

Así que ya veis, creo que voy a tener un otoño movido. Y además, voy a remodelar mi terraza para convertirla en una salita bis, lo que igual me obliga a hacer el terrible sacrificio de comprarme alguna estantería que otra en Cierta Conocida Tienda de Muebles Para Montar...

Seguiremos informando.

lunes, 20 de julio de 2015

Mala pata

Hola, lectores (si es que me queda alguno, ¿son grillos eso que oigo? ). No tengo remedio, cada vez me hago el propósito de actualizar esto más a menudo, pero la vida real acaba conmigo.

En fin, que pensaba actualizar algo durante estas vacaciones, pero Señorpadre tenía otros planes.

Se ha comprado un triciclo.

Tal que así, pero en azul:

Fuente


Conducir un triciclo no es difícil, cuando consigues meterte en la cabeza que no es una bicicleta y que no tienes que saltar del asiento al suelo cada vez que frenas, y que se conduce con el manillar y no con todo tu cuerpo, y que el maldito trasto ocupa todo el carril, así que Señorpadre se ha entusiasmado utilizándolo. Y allí íbamos los dos por las tardes por el carril bici del Paseo Marítimo, él delante con el triciclo y yo siguiéndolo en la bici de montaña, y nos estábamos poniendo los dos supercachas y morenazos. Imaginaos, un día hasta nos hicimos la Vía Verde.

Y así hemos pasado mis vacaciones, hasta que un día saqué a pasear a Keko. Él se subió a una isleta ajardinada y comenzó a hacer la "danza de la caca". Yo subí bolsita en mano en plan buena ciudadana. Tras comprobar que era una falsa alarma, di un pasito atrás creyendo que el bordillo estaba más lejos de lo que estaba y... 

Está la caída del Imperio Romano, y luego están mis caídas. El "catacroker" asustó a varios turistas que me ayudaron a levantarme. Y entonces miré mi pie.

El tobillo había doblado su tamaño. O más. Era un bulto enorme, feísimo. Intenté mover los dedos. Al menos no estaba roto. Así que cogí la correa de Keko y volví cojeando a casa.

-Vámonos a Urgencias. - le dije a Señorpadre.

-¿No estás exagerando?

-Que nos vayamos a Urgencias, cojones.

Llegamos a Urgencias. Por suerte, no había nadie más.

-Menudo esguince. - dijo la doctora de guardia.

Y procedió a ponerme un vendaje bien apretado, recetarme ibuprofeno y decirme que reposo, pie en alto y que al día siguiente fuera a ver a mi médico a pedirle la baja.

Así que me he pasado pie en alto, sin saber cómo poner el culo para que no me molestase la espalda, intentando dormir boca arriba con un almohadón bajo los pies y tropezando con mi muleta cada vez que intentaba salir a dar una vuelta por los alrededores, como unos diez días.


En el lecho del dolor...


El viernes me dieron el alta. Yupi.

Al regresar al trabajo, uno de mis jefes me ha guardado los informes para mecanografíar ordenadamente en unas bonitas carpetillas anaranjadas. ¿No es adorable?

¿Y sabéis qué es más adorable aún? En el Reloj se habían olvidado de apuntar que estaba de baja y le debía 63 horas al Ayuntamiento. No gano para sustos.

Pero, ¿sabéis lo más "malapata" de todo lo que me ha ocurrido este verano? Keko me ha pillado la leishmania. Ni collar antipulgas, ni vacuna ni hostias. Un maldito flebotomo se las ha apañado para contagiar a mi perro.

Todo comenzó como una manchita blanca en la cabeza. De hecho, Señorpadre pensaba que se la hacía el propio Keko al sacudir las orejas. Pero un día a principios de verano...

-¡Este perro se está quedando calvo!

-¡Corramos al veterinario!

Tras palparlo cuidadosamente y no encontrar inflamación en los ganglios, la veterinaria diagnosticó dermatitis.

-¿Cada cuánto tiempo lo laváis?

- Unos quince días.

-Mal. Como mucho, una vez al mes.

-Es que huele...

-Cuanto más lo lavéis, peor olerá. Compradle estas vitaminas y volved en quince días.

Quince días después, Keko seguía calvo.

-Descartemos una alergia. Tomad estos antihistamínicos...

La caja se acabó y Keko seguía calvo. Y además, cada vez más chof.

-Vamos a hacerle un análisis de sangre, a ver... No tiene síntomas, pero he visto a "la bicha" ya en tantas formas...

Al lunes siguiente me confirmaron el diagnóstico. Keko no solo tiene leishmania, también tenía una anemia que no sé ni cómo se mantenía en pie, el pobre.

Fijaos en las orejitas y en lo alto de la cabeza.

Así que antes de comenzar con el tratamiento mata-bichos, le hemos estado dando vitaminas y antianémico. Siempre me sorprenderá lo fuertes que son los perros. El día que la iban a operar a vida o muerte para sacarle unos cuerpos extraños del intestino, mi Roji saltó de la mesa del veterinario, arrastrando con ella el gotero, para perseguir a un gato que había visto en la ventana. Keko solo necesitó una dosis de pastillas para pasar de plantita mustia a Demonio de Tasmania:


Claro que darle las pastillas no es nada fácil. Al principio utilizaba quesitos tipo Caserío. Conseguí engañarle durante tres días. Ahora no quiere ni oler un quesito aunque no esté "relleno". Con el jamón de york ha ocurrido lo mismo. No ha habido más remedio que metérselas en la garganta con mis propios deditos, y cada vez más adentro, porque el pequeño cabrón ha aprendido a escupirlas. Temo que llegue el día en que acabe metiéndoselas en el estómago y no pueda volver a sacar el brazo.

El lunes pasado comenzamos con las inyecciones. Sospecho que le ponen anfetas o algo así al antimoniato de meglumina, porque no veáis lo fiera que se pone después de pincharle. Eso sí, ha acabado haciéndolo Señorpadre porque a mi me da miedo hacerle daño.

Y esto es todo de momento. Seguiremos informando.



martes, 7 de abril de 2015

Desventuras pascueras

He pasado un invierno cómodo y calentito durmiendo con un nórdico. Quede claro que al hablar de "nórdico" no me refiero a esto:



Ni tampoco a lo que estáis pensando, pedazo de pervertidos (más quisiera yo...). Me refiero a uno de esos edredones gruesos pero ligeros, de plumas o microfibra metidos en una funda. Y así, sin sábana ni nada, se estiran encima de la cama y te quedas la mar de cómoda.

Bien, el caso es que ha llegado la primavera y el edredón nórdico comienza a pesar. ¿Qué hacer con él? Lavarlo y guardarlo.

Primer problema: no cabe en la lavadora. Bueno, caber lo que se dice caber, sí que cabe, pero a presión. Y así no hay forma de que salga limpio.

Así que mi tía me sugirió que en lugar de lavarlo, lo dejara airearse en el tendedero. Y como en mis apartamentos no hay tendedero en el tejado, me tocó utilizar el de la cocina.

Abro la ventana, preparo las pinzas, saco el armatoste, lo pongo en un hilo, le pongo cuatro pinzas...

Y un soplo de viento arranca las pinzas y manda el edredón planeando no muy grácilmente al apartamento de abajo.

Donde, como es temporada baja, aún no hay inquilinos.

Imaginad mi grito en plan héroe de película de acción que acaba de descubrir que los malos han raptado a su chica, matado a su perro y quemado su Biblia.

¿Qué puede hacer una dama en estas circunstancias? Pues pedirle a su señor padre que le fabrique un anzuelo para pescar al edredón fugitivo.

Así que armada con el susodicho anzuelo atado a un grueso cordón, procedí a intentar la pesca.

Pero el mismo viento que había lanzado el edredón al tendedero de abajo, arrastraba el anzuelo de tal forma que no podía enganchar al fugitivo. A estas alturas el plan no era tanto pescarlo como echarlo al suelo y recogerlo de allí.

En efecto, tras sacudir varias veces los hilos, conseguí hacer caer el edredón... al tendedero del piso inferior. ¿Creíais que iba a ser tan fácil?

Así que solté más hilo. Tanto, que hilo y anzuelo cayeron... y quedaron enganchados en el tendedero de la primera planta.

¡Pero no hay que hacer dramas de cualquier cosa? Señorpadre construyó otro "pescaedredones", esta vez con un contrapeso para que no volara con tanta facilidad.

Viendo que no podía pescar el edredón por más que lo intenté, ya que cuantos más tirones le daba al susodicho y a los hilos del tendedero, más se enredaba, intenté al menos pescar el otro hilo con su anzuelo.

Lo cual fue advertido por la habitante del apartamento de la primera planta, que amablemente se ofreció a devolvérmelo. Aunque no pudo estirarse lo suficiente como para capturar al edredón rebelde de un tirón.

Mientras tanto, Señorpadre había conseguido que el edredón se desenredara, y estaba como tendido, aunque en tendedero ajeno. El posterior nuevo intento de recuperación terminó con el edredón hecho un gurruño en el tendedero de la primera planta, cuya dueña o se había ido a la playa o se había cansado de mi y no volvió a abrir la puerta, así que decidí insistir algo más tarde.

Y entonces, una milagrosa ráfaga de viento arrojó al rebelde al suelo, de donde logré recuperarlo sano y salvo aunque un poco arenoso. Lo tendí con tropecientas pinzas para que no volviera a fugarse y allí se quedó hasta el día siguiente. Actualmente reside en el canapé de mi cama, cómodamente embolsado. Si escapa de allí, le llamaré McGyver.

Eso ocurrió el domingo. Ayer, último día de mis vacaciones, decidimos dar un paseo con Keko por una playa cercana donde permiten perros.

Todo iba bien, Keko correteaba sin acercarse demasiado al agua, olfateaba hierbajos, saludaba a otros perros...

Hasta que Señorpadre se cansó y decidimos sentarnos un rato en una cabañita de observación de pájaros.

Keko salió a explorar.

Un rato después no había vuelto. Nos inquietamos y le llamamos. Volvió con cara de culpable.

-Este perro huele a caca. - dijo Señorpadre.

-Habrá pasado cerca de una...

Total, que cuando Keko volvió a desaparecer, Señorpadre se levantó y se acercó poco a poco.

-¡¡FILL DE P*T*!! -No creo que la frase necesite mucha traducción...

Resulta que Keko había decidido comerse la "mona de pascua" por su cuenta. Bajo una piedra había una enorme caca, evidentemente humana (los animales no se limpian con papel higiénico), y Keko había levantado la piedra y se estaba dando un banquete.

Es inevitable que los perros hagan eso, al menos Keko no se la restregó por el cuello como otros que he tenido. Pero eso no le salvó de que Señorpadre, muy enfadado con él, no le dejara subirse al regazo en toda la noche.

Y esto ha sido lo más destacado de mis vacaciones. Como para contarlo en una redacción del cole.

miércoles, 25 de marzo de 2015

RIP "Bolita".

¿Os acordáis de Bolita mi jilguero psicópata?

Pues ayer por la noche, mientras cenaba, me di cuenta de que Keko levantaba la cabeza y olfateaba con mucho interés por donde está la jaula de Bolita. Miré desde mi silla y no vi a Bolita en su lugar habitual (la barrita al lado de la bebedora), así que me acerqué a mirar.

El pobre Bolita estaba muerto en el fondo de la jaula.

Ignoro qué le ha podido pasar. Tenía agua y comida, y no le habíamos visto hacer bola ni mostrar ningún síntoma de enfermedad. Incluso había estado cantando por la tarde.

En fin, supongo que ya era viejo y le tenía que pasar. Eso no evita que me dé mucha pena.

No he querido tirarle a la basura, más que nada para que Keko no se apoderara del cadáver y se lo comiera. Primero pensé en enterrarlo bajo una palmera, pero luego he pensado que allí corría el peligro de que le ocurriera lo mismo, y encima con un perro desconocido.

Así que le he metido en una bolsita de plástico y le he dejado en una papelera del Paseo.

Le he sugerido a Señorpadre que nos compremos un loro y le enseñemos a decir: "¡¡Keko, baja del sillón!!" No está muy conforme.

Mi primo ya está avisado del fallecimiento a ver si nos proporciona otro bichito. Ya os iré contando.

RIP, Bolita. Nunca te olvidaremos. Nunca cantaste bien, pero al menos lo intentabas.

domingo, 22 de marzo de 2015

Cabreos variados

Y aquí estoy, en medio del mismísimo diluvio universal. Hace como cuatro días que no para de llover y soplar viento huracanado y estoy hasta las narices. Hace un rato, Keko ha comenzado a lloriquear. Como sé que solo hace eso cuando tiene una necesidad muy urgente, me he puesto las botas de agua, he cogido el paraguas y le he bajado a que hiciera lo que tuviera que hacer.

Al ver el tiempo que hacía, lo ha hecho contra la pared del recibidor del edificio. He tenido que subir a por la fregona y limpiarlo. Y se me ha roto el palo de la fregona.

Había tendido la ropa en los cinco minutos de hoy que no ha llovido. Ahora está... como decirlo.... Empapada es una palabra demasiado corta para describirla.

Y encima esta semana no he adelgazado ni un gramo.

Bueno, y soy española. Solo eso ya es motivo para llevar toda la vida cabreada.

Por ejemplo, os voy a hablar del caso de los huesos.

Los ayuntamientos españoles se suelen caracterizar por tener lo que se llama "ideas de bombero". En concreto, al de Madrid, que por ser la capital se supone que ha de dar ejemplo, se le ocurrió ponerse a buscar los huesos de Cervantes. No es demasiado difícil, ya que la iglesia donde los estaban buscando luce una placa en la fachada que reza: "Aquí fue enterrado Miguel de Cervantes", Pero como no había lápida, pues allá que se han ido a ver en qué parte de toda la iglesia estaban. Se supone que eso va a atraer a millooooones de turistas. Que no a todo el mundo le gusta el café con leche, por más "relaxing" que sea.

Lo cabreante es que mientras se estaba buscando al susodicho esqueleto para que los japoneses vengan a hacerle fotos cual si fuera la momia de Lenin, la RAE ha publicado una edición especial para tontos del Quijote, quitándole lo que ellos consideran "las partes aburridas" y dejando un texto que se pueda leer seguido. De pequeña leí muchos libros en los que alguien había decidido quitar "las partes aburridas". No le pillé la gracia a "Tom Sawyer", por ejemplo, hasta que me prestaron una edición íntegra. Reivindico y reivindicaré hasta la muerte mi derecho a ser YO quien decida qué partes son aburridas y quiero saltarme y qué partes quiero leer, Y a la RAE que le den morcilla.

Yo tenía diez años cuando me pedí un Quijote como regalo de Navidad, y a los doce ya me lo había leído como quince veces. "Partes aburridas" incluidas. Lo que hay que hacer es "desdramatizar" el asunto. Si los críos están toda la vida oyendo decir lo "duro" y lo "aburrido" que es el libro, es normal que le cojan miedo y que prefieran leer cualquier otra cosa.

Por cierto, hace poco ha salido la idea de "traducirlo" al español moderno. No me acaba de gustar la idea, pero me parece mejor que recortarlo. Aunque espero que conserven el chiste de que Don Quijote hable como en el siglo XIV mientras el resto de los personajes habla como en el XVII.

Y luego tenemos al señor Martin mareando la perdiz. Ahora nos sale con que no le importaría que "Juego de tronos" tuviera diez temporadas o más. Pues vale, Y a mi no me importaría que me cayera un millón de euros en la cabeza. Y luego sale otro señor de la HBO diciendo que "¡mooola!" que por él como si son 20 temporadas. ¿Y qué van a hacer para tantas temporadas? ¿Meter a todos los personajes que se han quitado de enmedio para "aligerar" la trama y poder contarlo en siete? ¿Comenzar a hacer flashbacks a saco? "Recuerdo que cuando yo era pequeñito, el príncipe Rhaegar... *cortinilla de ondas*"

Por no hablar de que a falta de tres semanas para el estreno de la temporada, solo han sacado dos trailers, cuando a estas alturas en anteriores años ya habían sacado el doble.

Eso sí, los trailers muy espectaculares. No hay Bran (cuando volvamos a verle, ese chico ya no cabrá en la pantalla), no hay Cat-zombie (al parecer), no hay Islas del Hierro, no parece que vaya a haber Quentyn y no hay Aegon (bien, en el libro me cae gordo, es un Poochie con todas las letras).Y probablemente habrá spoilers de futuros libros a mansalva. Sé que a muchos les molestará eso (he leído ya a gente que dice que dejará de ver la serie para evitarlo), pero ¿cómo distinguimos lo que son spoilers de lo que son "inventos" de los guionistas? Yo prefiero tomármelo en plan relajado, y he decidido que voy a pensar que todo lo "nuevo" son inventos y no spoilers. Hala.

Por cierto, ¿echabais de menos mis parecidos razonables?


Dark Princess Sansa

Dark Princess Lily

Os dejo un par de vídeos para que veáis la que nos está cayendo encima desde el jueves.


Y mientras, este pequeño cabroncete disfrutando del panorama:



Nos veremos si sobrevivo al temporal. ¡Hostia! ¿Es un arca lo que acabo de ver pasando por ahí?

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