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jueves, 31 de octubre de 2013

Un limón y medio limón...

Hay preguntas que una persona nunca llega a plantearse hasta que alguien la obliga a hacerlo. No sé, cosas como "¿Qué es Goofy?" "¿Por qué él puede hablar y Pluto no?", "Si Pluto es el perro de Mickey, ¿de qué tamaño es ese condenado ratón?", y sobre todo, la gran pregunta que me he visto obligada a plantearme hoy.

Bajaba yo a la primera planta a buscar a mis compañeros de almuerzo, cuando uno de los jovenzuelos de la oficina me ha preguntado:

Atención, que la pregunta es fascinante.

-¿Tú le echas limón a la sopa de fideos?

A lo que he respondido que no, para gran sorpresa del interfecto.

-¿Pero tú no eres de Vila-real? ¡Allí le echáis limón a los fideos!

-Pues ahora me entero.

-Pero, ¿por qué no? ¿No le echas limón a los calamares?

-¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? -En los cataplines te voy a echar yo limón, so pesado.- Que no, que no le echamos limón a la sopa de fideos.

Y eso que yo soy una fanática del limón, que hasta se come las rodajitas que ponen en los refrescos.

Pero no, en mi santa ciudad no es habitual echarle limón a los fideos.

Lo siento, secundario irrelevante de "Naranjito".
Lo sé, lo sé, la entrada es una chorrada del tamaño de un piano, pero es mejor que la eterna tontería de "Halloween, esa fiesta satánica importada", ¿no creéis?

De momento, los resultados de mi encuesta en twitter han arrojado el siguiente resultado:

- Dos "depende".

- Un "no".

- Un "NOOOO, maldita hereje!"

¿Qué opinan mis ilustres lectores?


domingo, 28 de octubre de 2012

Pesadilla en mi cocina

Primero fueron las anguilas zombies.

Luego llegó la vitrocerámica suicida.

Seguimos con el armario asesino...

Y por fin, la mayor de las catástrofes cayó sobre mi cocina.

Señorpadre y su máquina taladradora.


Vale, vale, estoy exagerando pero tenía que llamar vuestra atención.

Todo comenzó un jueves por la tarde, cuando volví del trabajo. Señorpadre, todo alarmado (solo le faltaba correr en círculos agitando los bracitos), me dijo:

-¿Sabes que el armario de arriba a la izquierda se está cayendo?

-Sí, te lo dije hace dos meses...

-¡Tienes que recordarme esas cosas! ¡Tenemos que arreglarlo ahora mismo! ¡Antes de que se me... digo te caiga en la cabeza! ¡Vacíalo ahora mismo!

Así que después de la siesta pasé una tarde muy "agradable" (coffcoffcoff) vaciando los dos armarios (el que se debía arreglar y el que había al lado) de comida, platos, vasos y demás adminículos que tenía allí metidos, y depositando dichos adminículos en la mesa de la cocina.

Al día siguiente por la tarde, Señorpadre comenzó el arreglo. Primero, limpió la sustancia con la que el armario en cuestión estaba pegado al techo. La sustancia en cuestión era silicona. Los muy incompetentes habían pegado un armario al techo con silicona. Me dieron ganas de ir a buscar a quien hubiera instalado los malditos armarios, agarrarle del cogote y restregarle la nariz allí como si se hubiera cagado en la alfombra del comedor... Maldiciendo y con la ayuda de mi cuchillo de cocina favorito, Señorpadre arrancó toda la que pudo alcanzar. Luego, mientras yo le alumbraba con una lámpara estilo minero, aseguró el armario al techo atornillando a él unas escuadras de acero inoxidable con la ayuda de su máquina taladradora y su destornillador sónico. El único problema de esto es que Señorpadre solo ve por un ojo, y por consiguiente su visión tridimensional es nula. Con lo cual, prácticamente tuve que meterle el destornillador en la ranura de los tornillos...

Pero lo más emocionante estaba por llegar. Porque al día siguiente de arreglar los armarios, estaba tan crecido que decidió solucionar el eterno atasco del fregadero.

-¡Voy a hacer un agujero en la pared y conectaremos el desagüe del fregadero de la cocina con el de la galería!

-Estoooo... Sabes que en el desagüe de la galería es donde desagua la lavadora, ¿no?

-¡Pero la cañería traga!

Así que al día siguiente, nos dispusimos a agujerear la pared de la galería en dirección a la cocina para pasar el tubo. Mi función era la de ayudante, y básicamente consistía en pasarle a Señorpadre las llaves, destornilladores y aparatos similares... y luego ayudarle a levantarse del suelo cuando terminó la tarea.

-Bueno, mañana iré a ver si encuentro material para terminarlo, y... ah, sí, tú harás los agujeros desde el otro lado, que yo no quepo dentro de ese armario.

-¡¡¡¡¡¡¡¡¿LO CUALO?!!!!!!!!

Ya me había despedido yo de mis amigos de la hora del almuerzo, con la frase: "Si mañana no vengo, es que me he atravesado la mano con el taladro", y estaba preparada para cualquier cosa.


Pero tuve suerte, pues Señorpadre, al no haber encontrado el material que buscaba, había ido a preguntarle a un fontanero para ver si él lo tenía. Y el fontanero, al oír el problema, se rió y le dijo:

-¡Pero si yo tengo una máquina que te arregla eso enseguida! Mañana a las nueve estoy en tu casa.

La máquina en cuestión es un pequeño martillo neumático situado al final de un tubo por el que sale agua para enfriarlo mientras pica, y pica y pica el atasco hasta deshacerlo lo suficiente como para que se haga un agujero. Luego se echa ácido sulfúrico al noventa y muchos de concentración y... ¡tachán! Atasco desaparecido.

El fontanero apareció puntualmente a las nueve. Se iba a las once y media. En el albarán hay frases como: "Desembozar desagüe fregadero de la cocina, que el cliente ha puesto de todo" (el "le hemos puesto de todo" fue la respuesta de Señorpadre cuando el fontanero preguntó: "¿Le habéis echado sosa cáustica?"). Y mi favorita: "Estaba muy complicado de reparar, estaba como una piedra".

Aunque supongo que se me irá la risa cuando vea la factura de verdad:


En fin, que al menos ahora puedo fregar los platos tranquila, sin tener que achicar el agua con el cazo y meterla en un cubo para echarla por el fregadero de la galería. Seré muchos euros más pobre, pero me he librado de eso.

Siempre hay que buscar el lado positivo de las cosas.

jueves, 18 de octubre de 2012

Un par de recetas para entrar en calor.

Como ya va a ser invierno en el hemisferio norte, y apetecerán las cosas calentitas, hoy voy a compartir con mis lectores un par de recetas de "olla", made in mi abuela.

Debo advertir que mi abuela, como la mayoría de las abuelas del mundo, utilizaba como unidades de medida cosas como "un pellizco", "un puñado" o "un trozo", así que si queréis probar estas recetas tendréis que experimentar vosotros mismos con las cantidades.

Comenzaré con la "olla de calabaza". Mi abuela era una abuela relativamente moderna, así que ella la hacía con olla exprés. Si preferís la cazuela de toda la vida, tendréis que ajustar los tiempos de cocción.

Para hacer esta olla, se necesita:

Un trozo de calabaza tipo "Ruperta":


Supongo que esta variedad tendrá un nombre menos televisivo, pero así  se la reconoce enseguida. Se elige esta variedad por ser la más dulce, pero mientras no sea "vinera", supongo que valdrá con cualquier otra.

También se necesitará un pote pequeño de garbanzos al natural, otro de alubias (ya os dije que mi abuela era moderna, ¿verdad? Si preferís legumbres secas, ponerlas a remojo y cocerlas antes, sois muy libres de hacerlo), judías verdes planas a gusto, una patata mediana, agua y arroz.

Es importante que la "bajoca" sea plana. Aunque siempre podéis torturaros a vosotros mismos con ese engendro del demonio llamado "judía boby":

BIEN:

MAL:



Ponéis agua a hervir en la olla (destapada) y mientras tanto vais cortando la patata en daditos, la calabaza  a trozos medianos (lo bastante pequeños como para que se cueza bien, pero que no se desintegre en el proceso), las judías verdes por la mitad y luego esas mitades por el medio, abrís los dos tarros de legumbres y lo vais tirando al agua por ese orden. Luego añadís sal, azafrán en polvo para que quede bonito y un cucharón de arroz. Cerráis la olla a presión y hervís durante cinco minutos más o menos.Abrís, comprobáis que todo está hecho por si hay que hervir un poco más, comprobáis si se necesita añadir sal, y hecho esto, le tiráis un buen chorro de aceite crudo y a comer.

Problema de ponerle arroz a la olla: se pasa y se convierte en una sustancia bastante asquerosa. Solución: hacer poca olla para comerosla toda enseguida y que el arroz no se trague todo el caldo con nauseabundos resultados. O como hacía mi abuela, repartirla entre toda la familia. O directamente, como hago yo, omitir el arroz. La olla está igual de buena.

A instancias de Señorpadre, yo le añado carne a esta olla. Un trocito de ternera, un hueso no muy grande de jamón y un par de muslitos de pollo, por ejemplo. Le da un sabor más "sólido" y así sirve como plato único.

La olla de espinacas es más sencilla, si cabe. Os hacéis con unos cuantos manojos de espinacas, los limpiáis, y los cortáis. O directamente os compráis un paquete de espinacas congeladas, o mejor aún, dos paquetes de espinacas lavadas y cortadas en el supermercado más cercano. También hay que tener una patata mediana, un pote de garbanzos al natural y otro de alubias, arroz, ajos, pimentón y aceite.

Se pone el agua a hervir, se echa la patata en daditos, las legumbres y las espinacas, el arroz, sal y por supuesto el azafrán para darle color (me había olvidado de decirlo antes: como el azafrán de verdad no es precisamente barato, no pasa nada si lo sustituís por "colorante alimentario a base de tartracina"). Cinco minutitos, abrís y probáis a ver cómo está.

En una sartén aparte, freís los ajos con abundante aceite, lo mezcláis con una cucharadita de pimentón, le dais una vuelta rápida para que no se queme, lo picáis y luego echáis esta mezcla dentro de la olla y removéis para que se mezcle bien. Llamáis a la familia y a comer.


Al igual que la otra, esta olla podéis hacerla sin arroz y/o con carne (unas manitas de cerdo le sientan de muerte). Incluso a la última picadita se le pueden añadir almendras para que quede más sabrosa.

Y si no os gustan estas recetas, o no os salen bien, siempre podéis recurrir a este libro. No será por falta de ideas...

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