jueves, 13 de enero de 2011

En noche lóbrega galán intrépido oscuras calles atravesó...

Cuando yo era una tierna infante, estaba de moda una tortura atroz (de esas que inventan las Malvadas Hechiceras Malignas cuando les duelen los ovarios y las muelas y acaban de descubrir que el Capitán de su Guardia se está beneficiando a la Bondadosa Heroína) para alisar el pelo (eran tiempos atrasados, aún no se había inventado la plancha con placas de cerámica). Se llamaba "la toga".

Pero, claro, ese alisado necesitaba mantenimiento, y había que ir todos los sábados por la mañana a la peluquería. Y, allí, entre hacer cola y el rato que te pasabas luego en el secador, una pobre criatura inocente podía pasarse toda la mañana. Si la criatura inocente era adicta a la lectura desde la primera vez que comprendió lo que significaban esos dibujitos negros de los libros, solo tenía tres opciones: desesperación, onicofagia o revistas del corazón.

Así que allí estaba yo, tragándome Diez Minutos y Prontos atrasados y lamentando que las peluqueras no tuvieran el buen sentido de tener aunque fuera un par de libritos de la "Colección Historias Selección" cuando en un Diez Minutos, en el margen izquierdo, me encontré con este título:

Carmilla

Resultó ser una historia de terror en la que una chica no le había dado limosna a un mendigo, así que cuando éste se convertía en vampiro iba a buscarla para vengarse. Se introducía por el ojo de la cerradura, bloqueaba la puerta para que la tacaña no se escapase... y ¡Zasca! Mordisco y chupeteo al canto.



Como mis lectores sabrán porque son gente culta y preparada, este argumento tiene poco que ver con el de la novela corta del señor Le Fanu. Pero era muy acojonante para una cría de nueve años sin pomo en la puerta. Pasé unas cuantas semanas bastante malas taponando el agujero de mi puerta con bolas de papel hechas a base de Teleprogramas viejos y viendo malvados vampiros en cada sombra de mi pared. Le cogí una manía especial al payaso que había en una estantería sobre mi cabeza porque la forma de sus pies juntos me recordaba a una calavera.




Y luego llegó Drácula, claro. Primero la película (en "Mis terrores favoritos") y luego el libro. Y las antologías de relatos de terror. Y la "verdadera" Carmilla. Y Ruthven, ese cabroncete aficionado a la luna llena. Y "El sueño del Févre" (si no la habéis leído, ya estáis corriendo a pedirla en la biblioteca más cercana). Por no enumerarlos todos.


A ver, me gustan los vampiros porque dan miedo. Me gusta que chupen sangre, que vivan en la oscuridad, que suelten risotadas malignas, que se conviertan en bichos y que pastoreen ratas, no sé si os hacéis una idea... No soporto a esos lloricas de ahora: ¡Buaaa, soy un vampiro tengo un horrible pasado!. Tío, si tan mal lo llevas, échale huitos y tírate encima de una estaca.


En mi opinión, todo comenzó a estropearse con esta señora. No me malinterpretéis, me gustaron los dos primeros tomos de sus "Crónicas", aunque después de acabar a duras penas el tercero, le hice un "ahítequedas". El problema es que después llegaron un montón de imitadoras creando vampiros dulces, sensibles y alérgicos a la hemoglobina. Y no solo en los libros. Hasta las TV Slayers (esos seres malvados a las que voy a hacer vudú desde ya) reconocen que, comparado con aquel llorica de Ángel, Louis era Campanilla (en mi opinión, "Buffy" mejoró mucho cuando su noviete se largó).

Pero, ya, lo que me molesta de verdad es esto. El vampiro convertido en galán de "Harlequinada" (subespecie "héroe atormentado"). Lo que acabarán leyendo las niñas que ahora se inician en el género con "Corpúsculo" (no, no creo que terminen leyendo a Tolstoi, llamadme malpensada).
 
¡Ay, si Vlad levantara la cabeza! Bueno, primero tendría que encontrarla y luego buscar a quien se la volviera a coser al cuello, pero ya me entendéis...

Por cierto, el título de esta entrada es el principio de una canción que oí una vez por la radio. ¿Alguien sabe quién la cantaba y cuál era su título? Es que me gustaría buscarla para oírla otra vez.

5 comentarios:

  1. La mención a Anne Rice ha sido un puntazo: a mí siempre me pareció una señora que escribía sobre vampiros amanerados (no me gustaron ni los dos primeros, aunque sí me parecieron mejor escribos, objetivamente), y como protestaras de sus libros, una legión de góticas te abría en canal y te podrían de vuelta y media ¡¡El fangirlismo existía de antes!! Ahora, bastante en el olvido, toca aguantar a Edward Cullen, o a su alternativa, hombres lobo noblotes y desdramatizados de lo que supone la licantropía.

    Si el Conde Orlock levantara la cabeza...

    A todo esto, la colección "Romance Criaturas de la noche" la ví anunciada el año pasado, y fue bastante desconcertante, porque creí que el fenómeno estaba más orientado al público juvenil. La sorpresa vino cuando en la lista de autoras estaban varias conocidas del género romántico, se ve que en esta narrativa, hay que renovarse y escribir lo que el público quiera. También ví otra por ahí, titulada "dark romance", de una editorial más pequeña, formato en bolsillo menos aparatoso, y libros un tanto "de segunda" seguramente más baratos a la hora de conseguir los derechos.

    ResponderEliminar
  2. Está visto que para escribir sobre vampiros hace falta ser un irlandés alcohólico (lo sé, es redundante). De todos modos, cualquier transformación del monstruo en una especie de figura trágica victimizada facilita ese fangirlismo que no es otra cosa que no haber superado la adolescencia.

    ResponderEliminar
  3. Renaissance: Ahora, tengo entendido que Anne Rice se ha convertido a alguna de esas sectas raras que hay en Estados Unidos, ha renegado de Lestat y compañía y se dedica a escribir libros religiosos. Cosas veredes... ¡Incluso existe un librito por ahí dando instrucciones sobre cómo ligar con vampiros! (supongo que ante todo recomendarán no comer ajo).

    Illuminatus: No hace falta ser irlandés alcohólico. También se puede ser francés drogadicto, nacionalista alemán... y Tanith Lee (¡qué pedazo de relato es "Roja como la sangre"! Corto pero intenso).

    ResponderEliminar
  4. Hola condesa,

    a mi me fascinan los vampiros desde que vi una escena de Nosferatu (la de Murnau) cuando tenía unos 3 años, pero gracias a estas autoras de las que despotricas (cosa que agradezco enormemente, porque criticarlas en lugares públicos genera una reacción todavía peor que decir que Paulo Cohelo no te gusta y no es frecuente encontrar este tipo de comentarios) ahora me dan sarpullidos cada vez que veo algo relacionado con el vampirismo.

    El vampiro como se le concibe actualmente ha dejado de ser el principe de las tinieblas para convertirse en "el emofashion antes conocido como prince". Hasta el conde Draco es mas siniestro que la Casa de la pradera vampirica que es Crepusculo. A mi no me dan miedo los vampiros, la que me da miedo es la Meyers...

    Sobre la canción por la que preguntas, creo que se titula como empieza, La noche lóbrega, pero no estoy segura.

    A mi me gusta bastante un libro que se titula "En tierra cruenta", es de una autora mexicana. No sé si lo habrás leído. En mi opinión su relato es "innovar" sobre vampiros, no lo que han perpetrado estas señoras.

    Eowyn

    ResponderEliminar
  5. ¡Juas! Pues yo no me corto un pelo de meterme con "Corpúsculo" delante de una compañera de trabajo que es super-fan. Me estoy ganando fama de insensible, pero como nunca he pretendido ser otra cosa...

    ¡Gracias por el título de la canción! Ya la tengo localizada en youtube. Mañana la pongo aquí XD.

    ResponderEliminar

¡Dejadme un comentario o se os llevarán los Otros!

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...