Estaba yo ayer tan tranquila en la parada del autobús cuando vi una furgoneta de reparto que aparcaba tranquilamente en el lugar donde debía detenerse el transporte público. Creo que le dirigí una mirada de odio. Hay gente que odia a los gatos, yo odio a los coches que aparcan en las paradas de autobús, manías que tiene una...
Y entonces, de la furgoneta bajó un chico. Veinteañero, pelo corto, ningún rasgo destacable ni para bien ni para mal, y se vino directo hacia mí.
-¡Hola! Soy el chico del queso. - Ahí me temo que puse cara de "¿debería conocerte?" -Estoy vendiendo queso fresco a particulares y profesionales. Cuatro euros el kilo, ¿te interesa?
¿Os podéis creer que casi le digo que sí? Luego venció el sentido común, claro. Vamos a ver, yo con el queso camino a Vila-real, rompiendo la cadena del frío, sabiendo además que tengo otro en la nevera casi entero, y teniéndolo concienzudamente racionado...
Aún no sé si fue márketing cutre o un intento de ligue más cutre todavía...
Y aquí tenéis un par de fotos que tomé de camino a casa. La segunda he intentado arreglarla con el potochó para quitarle un cable que se había metido por el medio y creo que la he estropeado más. Pero os podéis hacer una idea de la que nos cayó aquí por la tarde...
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A storm is coming... |
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Photoshop disaster |
Pues qué bien que lo hayas explicado, pero aún así me siguen quedando dudas, supongo que igual que a ti. Madre mía, que a una le quieran vender un queso en plena parada del bus. Es raro!
ResponderEliminarPor aquí también pasó la tormenta dichosa, qué noche...
Pues sí que es rara esa forma de venta, sí. Lo normal es que vayan con la furgoneta y un altavoz anunciando quesos, no haciendo márketing directo.
ResponderEliminarPor cierto, el cambio de aspecto de blog es un poco raro. Parece el documento de un notario.